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“Malos estudiantes” de niños, “grandes genios” de adultos

Mucho se ha escrito sobre la figura de Albert Einstein. Algunos han puesto el acento en su falta de aptitud para los estudios, ya que tardó en hablar, no aprendió a leer hasta los siete años, hasta los 15 años fue carne de fracaso escolar y le costó muchísimo acceder a la Escuela Politécnica. De él incluso llegaron a decir que era “mortalmente lerdo” y que “no estaba preparado para aprender”. Es decir, la palabra excelencia no le acompañó a lo largo de la vida. Sin embargo, llegó a ser uno de las mentes más privilegiadas del siglo XX.

Y es que son numerosos los casos de grandes personalidades de la ciencia, las letras o las artes que no obtuvieron buenos resultados durante sus años de estudiantes. Incluso, fueron malos estudiantes. Lo que muchos docentes y pedagogos coinciden es que el potencial de cada niño puede ser muy superior al que muestran en un principio. La clave está en la motivación y en entender y respetar su forma de pensar.

Así, por ejemplo, John Gurdon, Premio Nobel de Medicina (2012), Debussy o Giuseppe Verdi fueron algunos casos de genios que no destacaron durante sus años de estudiantes pero que han dejado una huella imborrable en la historia.

Pero no es necesario echar la vista tan atrás, esto sigue ocurriendo en la actualidad con casos como Larry Ellison, fundador de Oracle, y Craig Venter, padre del genoma humano, a los que no se les recuerda precisamente por buenos resultados.

Algunas veces se confunde una baja inteligencia o poca habilidad académica con la incapacidad para superar exámenes de acceso, el inconformismo, el aburrimiento o la rebelión a las reglas. Por este motivo, es necesario comprender qué le está ocurriendo al estudiante, guiarle y orientarle para conseguir sus metas.

Muchos padres están preocupados por los malos resultados académicos de sus hijos sin prestar atención a otras señales que indican que no se trata de incapacidad sino de cuestiones en torno al sistema educativo y al rol que juega como alumno. Por tanto, un consejo es tener en cuenta todas las variables, y no únicamente fijarse en las notas al final del trimestre o del curso.

Por este motivo, hay que avanzar en nuevas formas de enseñar porque el aprendizaje no puede resultar algo anclado en el pasado, inerte, sino que el alumno tiene que jugar un nuevo rol más proactivo, con mayor implicación y dejando que muestre sus propias habilidades en el proceso de conocer y de descubrir el mundo.

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